martes, 30 de agosto de 2016

Diego Rivera

Murales en México
Los murales en México fueron realizados con la técnica del fresco, que consiste en aplicar pigmentos de origen mineral resistentes a la cal y empapados de agua, sobre un muro con revoque de cal, todavía húmedo. Diego Rivera era un ferviente aplicador de esta técnica; sin embargo, fue él mismo quien se aventuró a cambiarla por el uso del poliestireno, debido a que el mural sería realizado justo en la cisterna donde se depositaría el agua hasta una altura de dos metros.

Simbología del mural
El mural de Diego Rivera gira en torno al tema “Agua, origen de la vida”, que pictóricamente comienza en el centro del piso del Cárcamo con una célula primigenia que se desarrolla en colonias complejas, mismas que se transforman en bacterias y especies más evolucionadas como peces y moluscos, hasta culminar en la evolución del ser humano. Al mismo tiempo, sobre la boca del túnel por donde llegaba el agua, Diego Rivera plasmó dos gigantescas manos que parecen entregar el preciado líquido a la ciudad, siendo el punto de enlace simbólico de la esculto-pintura del Dios Tláloc que se encuentra en la entrada del recinto, logrando así una acabada integración plástica.

viernes, 15 de julio de 2016

Ficción sobre una historia encontrada en la visita al Cementerio de Recoleta

Realizada por las estudiantes Florencia Margani, Sofía Chamber y Nadia Gorrita:

     Lo último que recuerdo con exactitud es el frío que sentí cuando la avalancha de nieve se vino sobre nosotros. Sentía como cada extremidad de mi cuerpo se congelaba casi en su totalidad. El único calor que sentía provenía de mi reciente esposo, ya que estábamos durmiendo juntos. Pensar que fuimos a ese lugar para disfrutar de nuestra tan ansiada luna de miel. De todos modos, por suerte estoy bien. Fue solamente una mala experiencia, nada que no se pueda superar. Lo importante es que estoy bien. No tengo ningún daño permanente ni momentáneo, ni físico ni mental ya que estoy bien. Lo único que me afectó fue enterarme que mi querido Sabú murió. No existía animal más fiel que él. Era la mascota que cualquier persona querría tener. Ese perro me acompañó durante más de cinco años, era el compañero más fiel que tenía, porque en ese tiempo nunca dejó de estar a mi lado. Me dio tanto amor que lo único que lamente en este momento es no haber podido estar a su lado, y que haya fallecido cuando yo me encontraba a 14.OOO kilómetros de distancia de él. Pero ahora me encuentro en una pequeña casita; muchos piensan que es demasiado chica para mí. Pero a mí me basta con que mi cuerpo pueda entrar, ya que me gusta pasear por las calles y sólo vuelvo a mi casita para descansar.
     ¿Es posible lo que estoy viendo? ¿Es él? Pero, ¿cómo puede ser? ¿Acaso me mintieron? ¿Sabú? Claro que era él. Es imposible confundir aquella alegría. ¿Pero qué hace acá? Por supuesto que no me importa, lo único que siento ahora es una incomparable felicidad de volver a tenerlo al lado. Ya pasaron varios días de mi reencuentro con Sabú, y la verdad es que estoy muy contenta. Salimos a pasear todas las noches por las callecitas (a mí particularmente me gusta mirar las casitas de los demás; algunas veces nos encontramos con algún otro habitante), pero preferimos el día para descansar porque a Sabú no le agrada mucho la luz del Sol.
     Lo que me resulta extraño es que todas las veces que nos cruzamos con alguna persona, se nos quedan mirando. ¿Acaso no tienen nada mejor que hacer? El otro día, paseando con Sabú (como siempre) vimos a una señora que parecía que buscaba algo. Yo supuse que estaba perdida, por lo cual nos acercamos a preguntarle si necesitaba ayuda. Ni siquiera me dejó comenzar con la pregunta, porque gritó y comenzó a correr.
    Nunca vamos a entender a esas personas. Pero no importa, lo importante es que estoy con Sabú (y siempre me acompañará) y que estoy bien.



Esta ficción fue hecha en base a la leyenda urbana que trae la historia original de Liliana Crociati (desarrollada a continuación), el cual dice que de noche se puede ver a una chica paseando junto a su perro por el Cementerio de Recoleta.

Liliana Crociati murió a los 20 años en su luna de miel en Insbruch. Un alud la sepultó junto a su marido en su cuarto de hotel en 1970. Ese mismo día, a 14.000 kilómetros de distancia, también murió Sabú, su perro adorado. Una escultura la evoca vestida de novia, con su pelo largo y suelto, secundada por su fiel mascota. En la bóveda, como una catacumba romana, ambientada como su dormitorio y lleno de fotografías, un sari rojo, comprado por ella en la India, cubre con la fuerza de una alegoría su lecho de muerte.

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/561929-insolitas-historias-que-guarda-el-cementerio-de-la-recoleta